La monstruosidad de cada uno nos sucede, nos transforma y
posee cuando damos la espalda e ignoramos hechos accionados por nuestra
brutalidad e ignorancia misma, ya deben saber qué tipo de actos me refiero, y
son a aquellos de violencia despreocupada, egoísta y desalmada, actos que cada
día delinean nuestros rostros y manos mientras van tallando el corazón, son
actos que se ven reflejados hasta en la mas mínima mirada o en la misma
expresión de los ojos, hoy sombríos y taciturnos.
Cada día a la deriva de nuestras derivaciones morales, me refiero a aquel sentirse “Mal obrado” o “Bien obrado”, cada acto que nos puede sumir en el
arrepentimiento o en la tristeza de nuestra miseria con los demás, o quizá
pueda ser un sentimiento que presuma lo intachable que se es gracias a
sentimientos de honor.
El placer se puede distinguir por su riqueza o por su
vulgaridad, los dos están muy separados, se puede ser feliz con la carnalidad o
con actos de altruismo, los razonamientos que dan permiso a cosas más grandes
que la vulgaridad son engrandecedores y vivificantes, esta la simpleza que pueda producir el acostarse
con una mujer, o si queremos algo muy
distinto, amar a esa mujer.
O lo podría explicar así también; El tener un amigo por
necesidad misma y llamarle cuando se tiene una necesidad. O retribuirle y
cuidarle como el más grande tesoro del hombre en su existencia misma,
existencia que se ve condicionada por la moralidad del que le acompaña y se ve
inspirado por su amigo. O puede también ser trágico, al enterarse tarde que se
ha visto tarde compartiendo y siendo influenciado por tanto tiempo con alguien
monstruoso.
Nos podemos calumniar afirmando el engaño y creerla nuestra
realidad, pero después perteneceremos a la duda y a la mentira, posteriormente
a una vida de hipocresía entre todos por cada depravación afirmada y
legitimada, la vida será una serie de murmureos, unos ciertos por la
inteligencia del que los diga, u otros mentira, dados por la suposición de
miradas cortas y pre juiciosas.
A donde nos llevara el vivir en la libre presunción de
actualizarnos respecto a cada enfermedad social?, no nos estremezcamos tanto
aun, cada quien se siente seguro en su madriguera, solo se siente el riesgo al salir y sentir el rumoreo
de cada proceder y paso que entre todos nos sospechamos, siempre en pie de
nuestra reputación y el buen nombre, pero acaso no nos debería dar vergüenza
nuestro nombre al verlo colgado ante tanta ridiculez indiferente y sermoneadora
de la publicidad que genera el “nuevo” mundo?, acaso nuestro lenguaje no se ah
convertido en publicidad barata de uno mismo o en retribuciones falsas que
disimulan la prostitución de nuestras almas y corazones?.
Es pues ahí donde vamos sintiendo que nuestra intimidad es
corrupta por mezclarla con el absurdo mundo que no leemos pero del cual si
decimos y criticamos mucho, nos reiremos perversamente de cargar con los
“secretos” de cada avergonzante insolencia del cual cada uno sabemos y vemos
retratados en la inmiscuida vida que está pintada de vergüenza, vergüenza veo
retratada en cada rostro que se oculta con sonrisas hipócritas.
Nuestro alrededor y nosotros tan desconcentrados creyendo
tener puesta la mirada fija en algo que cada vez mas pierde color, pero “no
importa” le damos color a punta de ideales que humean y nunca fueron llama,
cuanta humedad y moho contiene nuestra envenenada sangre que empaña al mundo
cada vez más.
Creemos cincelar una vida de cristales transparentes y tan
solo son toscos brochazos que empañan cada vez más la brillantez que en antaño
existió, nuestras expresiones no son más que la reiteración del aborrecimiento
y repugnancia que nos tenemos todos, la belleza es algo que hasta en la
juventud ya se está desdibujando, y se ve reflejada en la apariencia burlona
con la vida misma, es la maldad el rostro de nuestras almas ahora, ahora que
adoramos la banalidad.
Lo peor de todo es
que sentimos orgullo por nuestra descomposición, y solo dejamos caer lagrimas
por la caducidad de nuestras tentaciones, que extrañeza siento al ver los
largos cuerpos y siluetas rígidas de cada habitante de nuestra fría sociedad,
lánguidos, tumbados y fríos, así se desgarran nuestras esperanzas y se ve
reflejada en cada fila, y trasegar del transeúnte que pasa a nuestro lado
inclinando la cabeza para ver que irregularidad hay en tanta calma gatuna y
mortuoria de estos momentos tan ceñidos a la preocupación asfixiante…
Continuara
Gab.