domingo, 15 de abril de 2012

La monstruosidad de cada uno

La monstruosidad de cada uno nos sucede, nos transforma y posee cuando damos la espalda e ignoramos hechos accionados por nuestra brutalidad e ignorancia misma, ya deben saber qué tipo de actos me refiero, y son a aquellos de violencia despreocupada, egoísta y desalmada, actos que cada día delinean nuestros rostros y manos mientras van tallando el corazón, son actos que se ven reflejados hasta en la mas mínima mirada o en la misma expresión de los ojos, hoy sombríos y taciturnos.

Cada día a la deriva de nuestras derivaciones morales,  me refiero a aquel  sentirse “Mal obrado” o “Bien obrado”,  cada acto que nos puede sumir en el arrepentimiento o en la tristeza de nuestra miseria con los demás, o quizá pueda ser un sentimiento que presuma lo intachable que se es gracias a sentimientos de honor.

El placer se puede distinguir por su riqueza o por su vulgaridad, los dos están muy separados, se puede ser feliz con la carnalidad o con actos de altruismo, los razonamientos que dan permiso a cosas más grandes que la vulgaridad son engrandecedores y vivificantes, esta  la simpleza que pueda producir el acostarse con una mujer,  o si queremos algo muy distinto, amar a esa mujer.

O lo podría explicar así también; El tener un amigo por necesidad misma y llamarle cuando se tiene una necesidad. O retribuirle y cuidarle como el más grande tesoro del hombre en su existencia misma, existencia que se ve condicionada por la moralidad del que le acompaña y se ve inspirado por su amigo. O puede también ser trágico, al enterarse tarde que se ha visto tarde compartiendo y siendo influenciado por tanto tiempo con alguien monstruoso.

Nos podemos calumniar afirmando el engaño y creerla nuestra realidad, pero después perteneceremos a la duda y a la mentira, posteriormente a una vida de hipocresía entre todos por cada depravación afirmada y legitimada, la vida será una serie de murmureos, unos ciertos por la inteligencia del que los diga, u otros mentira, dados por la suposición de miradas cortas y pre juiciosas.

A donde nos llevara el vivir en la libre presunción de actualizarnos respecto a cada enfermedad social?, no nos estremezcamos tanto aun, cada quien se siente seguro en su madriguera, solo se  siente el riesgo al salir y sentir el rumoreo de cada proceder y paso que entre todos nos sospechamos, siempre en pie de nuestra reputación y el buen nombre, pero acaso no nos debería dar vergüenza nuestro nombre al verlo colgado ante tanta ridiculez indiferente y sermoneadora de la publicidad que genera el “nuevo” mundo?, acaso nuestro lenguaje no se ah convertido en publicidad barata de uno mismo o en retribuciones falsas que disimulan la prostitución de nuestras almas y corazones?.

Es pues ahí donde vamos sintiendo que nuestra intimidad es corrupta por mezclarla con el absurdo mundo que no leemos pero del cual si decimos y criticamos mucho, nos reiremos perversamente de cargar con los “secretos” de cada avergonzante insolencia del cual cada uno sabemos y vemos retratados en la inmiscuida vida que está pintada de vergüenza, vergüenza veo retratada en cada rostro que se oculta con sonrisas hipócritas.

Nuestro alrededor y nosotros tan desconcentrados creyendo tener puesta la mirada fija en algo que cada vez mas pierde color, pero “no importa” le damos color a punta de ideales que humean y nunca fueron llama, cuanta humedad y moho contiene nuestra envenenada sangre que empaña al mundo cada vez más.
Creemos cincelar una vida de cristales transparentes y tan solo son toscos brochazos que empañan cada vez más la brillantez que en antaño existió, nuestras expresiones no son más que la reiteración del aborrecimiento y repugnancia que nos tenemos todos, la belleza es algo que hasta en la juventud ya se está desdibujando, y se ve reflejada en la apariencia burlona con la vida misma, es la maldad el rostro de nuestras almas ahora, ahora que adoramos la banalidad.

 Lo peor de todo es que sentimos orgullo por nuestra descomposición, y solo dejamos caer lagrimas por la caducidad de nuestras tentaciones, que extrañeza siento al ver los largos cuerpos y siluetas rígidas de cada habitante de nuestra fría sociedad, lánguidos, tumbados y fríos, así se desgarran nuestras esperanzas y se ve reflejada en cada fila, y trasegar del transeúnte que pasa a nuestro lado inclinando la cabeza para ver que irregularidad hay en tanta calma gatuna y mortuoria de estos momentos tan ceñidos a la preocupación asfixiante… Continuara

Gab.